SEMINARIO INTERNACIONAL DE OTOÑO DE LA ELP 2020

 

 

Por primera vez desde su fundación en el año 2000 la ELP, como consecuencia de la crisis sanitaria, se ha visto obligada a cancelar sus XIXª Jornadas Nacionales. Lo que iba a ser la celebración anual del Uno de nuestra Escuela -la confluencia del trabajo epistémico de las diversas Sedes, la enseñanzas en torno a los testimonios de los AEs de la Escuela Una, el reencuentro con los amigos de otros lugares- se ha visto súbitamente interrumpido en este extraño comienzo de la segunda década del siglo XXI.  

 

El fenómeno de un confinamiento -prácticamente global- al que nos hemos visto obligados, ha inaugurado una situación inédita en el devenir de la historia contemporánea. Materializa, no solo una experiencia de aislamiento generalizado y de cortocircuito del lazo social, sino también la inscripción de un hecho de discurso que nos revela las formás que van tomando los impasses de la civilización. 

 

En muy poco tiempo, una extensa bibliografía pretende atrapar la lógica de este real que nos atraviesa. Desde distintas disciplinas, que van desde el conjunto de las llamadas ciencias humanas y sociales, a la lógica de la verdad formalizada ajustada al campo de las ciencias duras y su discurso, una multiplicidad de interpretaciones circulan por los más variados soportes. La babel de significaciones se ha desplegado para tratar de dar cuenta de este acontecimiento, que en un lapso muy reducido de tiempo ha desarticulado las rutinas de la existencia cotidiana, y que al mismo tiempo ha producido una profunda rectificación en los automatismos del lazo social en todos los niveles del intercambio. 

 

Los impactos de la pandemia pueden inscribirse sin duda en una pluralidad de efectos. Conviene detenerse en las nuevas fronteras que inauguran las reglas del distanciamiento social y en la ausencia de los cuerpos que configuran un escenario que bascula hacia una virtualización masiva de la vida. Si bien aún es precipitado concluir sobre las consecuencias de estos desplazamientos, sin embargo estamos en condiciones de verificar el alcance radicalmente distinto al que apunta, si lo intentamos comparar con episodios similares en el que el desencadenamiento de una pandemia activó una alarma sanitaria mundial. 

Varios autores han subrayado[1] que la gripe asiática de –1957 a 1958 y la gripe de Hong Kong de 1968 a 1969 tuvieron una amplitud global y una mortalidad equivalente o superior a la actual. En febrero de 1957 se detectó por primera vez en China la gripe asiática que se extendió por el mundo y segó la vida de entre uno y cuatro millones de personas en el espacio de dos años. Diez años después, entre 1968 y principios de 1970, fue el turno de la gripe de Hong Kong, que dejó un saldo de víctimás relativamente similar. 

 

No obstante, estas epidemias tuvieron un impacto político mucho menor que la actual. Si bien hubo momentos de pánico -las poblaciones seguían con atención las noticias a través del periódico, la radio y la televisión- y los estados movilizaron recursos para responder a la situación realizando campañas de información, sensibilización y refuerzo de las estructuras sanitarias, sin embargo no hubo cuarentenas ni restricciones de ningún tipo. 

 

Salvo para los que enfermaron y para su entorno, la vida continuó sin mayores alteraciones y más temprano que tarde estos acontecimientos fueron olvidados. En cambio, la epidemia actual nos muestra que estamos en otro momento de la civilización. Encontramos una orientación para captar las vicisitudes de esta mutación temporal cuando por ejemploJacques-Alain Miller pone de relieve que atravesamos un momento que ya dejó la época del malestar para entrar decididamente en la del impasse[2]. Verificándose de este modo una transformación de la relación a la enfermedad, a la vida y a la muerte, así como la posibilidad inédita del control biopolítico de las poblaciones amplificado por la ruptura ya casi definitiva de la privacidad que permiten los avances tecnológicos.

 

Pandemia o Crisis Sanitaria, son significantes Amos que orientan el discurso, y que permiten localizar el relato que se va construyendo como respuesta a los efectos de los confinamientos y a las nuevas reglas que escriben la rectificación del lazo social. Esta inercia del discurso parece confirmar la trayectoria hacia una digitalización universal, que por sus efectos de fijación de goce y de control, en absoluto aseguran que no se perpetúen más allá de la aún incierta resolución de la pandemia. Se puede apreciar esto a partir de las distintas posiciones según las cuales el sujeto de la época se ajusta al imperio del gregarismo; que desplaza la cotidianidad al soporte de las pantallas en detrimento de la puesta en juego de las contingencias, irremplazables, que siempre depara el encuentro de los cuerpos. 

 

En esta dirección, basta apreciar como botón de muestra la implementación generalizada del teletrabajo, la mejora de la llamada robótica asistencial, incluidas también las vicisitudes, siempre  imposibles de calcular de los encuentros sexuales; estas inercias empiezan a dejar fuera de juego el vis a vis real, produciendo una extraña alteridad en donde la palabra y los cuerpos están desalojados de la calidad del afecto que transmiten, de ese tono vital que singulariza siempre la existencia de un cuerpo y de la palabra que en él resuena, de su misterio al fin y al cabo. El misterio del cuerpo hablante[3], tal como Lacan lo nombró en los albores de su última enseñanza, corre el riesgo de quedar reducido y obstaculizado por las nuevas y no tan nuevas barreras que va modulando el discurso. 

 

En el campo de la economía también se extiende el debate y produce, sus cálculos y sus conjeturas. El impulso generalizado del comercio y del entretenimiento electrónico, más la llamada vida social que se organiza a partir de las redes, no son un hecho banal, la crisis les proporciona el combustible para su proliferación a una escala exponencial, de la cual no es nada seguro que se pueda retornar a un statu quo anterior a la pandemia, más bien dibujan una nueva figura topológica a explorar.  

 

No obstante no podemos dejar de tener en cuenta el estallido que significó en muchos lugares el levantamiento del confinamiento, una explosión de cuerpos presentes que daban cuenta de la alegría de volver a celebrar encuentros. Una suerte de retorno en el que no faltan las respuestas maníacas y un rasgo de negación de las consecuencias reales sobre la enfermedad y la muerte. Contradicciones y paradojas que vale la pena no perder de vista.  

 

Sin embargo a partir de la llamada economía GAFA: (Google, Amazon, Facebook, Apple), la dirección que van tomando los acontecimientos parece tal y como algunos economistas afirman[4], que no conducirá a una reversión del capitalismo, sino que más bien acelerará el capitalismo digital y producirá una transición a un mundo desmaterializado: el desplazamiento a la virtualidad de las relaciones auguran tal vez una época de desmaterialización vertiginosa[5]

 

Esta tesis hace resonar otra, la de Jacques Lacan, cuando afirmaba que en el discurso del amo, al establecerse una barrera entre el sujeto y el goce suplementario, el objeto ano satisfacía al sujeto más que por sostener la realidad del fantasma. Sin embargo, a diferencia del discurso del amo, en el que se inscribe una ruptura entre el sujeto y su goce, en el discurso capitalista se restablece el circuito entre a y $, creando la ilusión de que todo el goce es posible, sin pérdida ninguna. Y lo que muestra entonces el camino actual de la civilización, es que el plus de gozar no solo sostiene la realidad del fantasma, sino que está a punto de transformar la realidad en fantasma. El reino de la imagen o la volatilidad de la verdad no son más que manifestaciones de hasta qué punto ha avanzado la manipulación de la realidad.[6] 

 

Lacan planteaba que la salida del discurso capitalista era posible uno por uno, en la medida que un análisis podía permitir al ser hablante hacer una experiencia de lo real más allá del fantasma. En caso contrario, el sujeto alienado al discurso capitalista, queda expuesto a que su mundo fantasmatizado se derrumbe ante la irrupción de un real ante el cual no tiene ningún recurso discursivo o subjetivo. Dejándolo en una posición de precariedad que empuja al empecinamiento por pretender restituir el goce perdido en la infinita metonimia de los objetos plus de gozar. De esta manera su alienación está garantizada. 

 

La pandemia, en lo que concierne al discurso analítico, ha introducido un debate que se ha extendido más allá de nuestra Escuela -hay que decir también que estaba latente desde hace un tiempo más o menos extenso-, un debate sobre la función y la intrusión ya másiva del objeto técnico en la experiencia analítica. Creemos que este debate no se puede obviar, está presente en el conjunto de las reflexiones de nuestros colegas de la Escuela y en la extensión amplia del Campo Freudiano. 

 

Y creemos también que es necesario orientar este debate, y crucial no inscribirlo sobre la lógica del binomio, porque si no podemos quedar a merced de encerramos en posiciones maximalistas, bajo argumentos que corren el riesgo de replegarse sobre sí mismos, ofreciendo certezas sobre lo que es o lo que no es la experiencia de un análisis, y eso nos puede conducir a un callejón sin salida. 

 

Es mucho más interesante y más conveniente desplazar este debate hacía  una lógica del borde, hacía una lógica del litoral, para pensar juntos las mutaciones que el discurso va produciendo. Y tratar de inscribir allí los modos que convienen para que la experiencia analítica no se diluya en la furia de la virtualidad. La pulsión y sus destinos en la trasferencia es solidaria, sin duda, de la presencia de los cuerpos, pero debemos ofrecerle a esta posición clásica la posibilidad de interrogarla hasta las últimás consecuencias posibles. 

 

Porque por otra parte tampoco podemos negar la profunda rectificación que se está produciendo en el lazo social a partir de la irrupción de la pandemia y de la cual no nos es posible calcular sus efectos. Y aquí reside nuestra capacidad de inventar. Invención es un significante que a veces tenemos para todo uso, parecería una especie de magia, cuando decimos inventar y las cosas tomarían por sí mismás otro rumbo. Pero ahora más que nunca es necesario materializar este significante para darle un alcance real, es todo un desafío escribir las modalidades de lo que es una invención y transmitirla, para que eso tenga algún efecto entre nosotros y más allá de nosotros. 

 

No conviene, efectivamente escribir las invenciones en el campo del ideal. No podemos permitirnos ese desplazamiento, es necesario producir una disyunción entre invención e ideal para darle un alcance posible a ese pequeño detalle de cada uno y que pueda ofrecernos al fin y al cabo la posibilidad de algo nuevo.  

 

Y es en esta dirección que proponemos este seminario, lo concebimos en este tiempo de impasse para forzar dos significantes fundamentales a partir de la practica clínica, para verificar qué pueden ofrecernos en su torsión: La Práctica Psicoanalítica hoy. Invención y Real. 

 

Las dos secuencias en que está construido el seminario interrogarán dos vertientes de la clínica articuladas al momento de la crisis, y más allá de ella. 

 

Por una parte abordaremos el tema de la Presencia del Analista para explorar hasta dónde este sintagma puede responder de una nueva forma a las contingencias del tiempo y sus avatares. Y por otra parte los Sueños en Tiempos de Pandemia permitirán continuar con la enorme producción epistémica de nuestro postergado XIIº Congreso de la AMP. Y también acercarnos a las variedades que presenta la fenomenología de los sueños en las noches del confinamiento y más allá de él. 

 

Para la Escuela, -que tiene entre sus requerimientos el de discutir las condiciones de posibilidad de la experiencia analítica en los tiempos en los que la civilización manifiesta de forma patente el grado creciente de sus impasses[7] será la oportunidad de Interrogar, una vez más, los fundamentos y los principios analíticos. Verificar qué respuestas nuevas podemos extraer, para no extraviarnos en el cauce vertiginoso de las mutaciones del discurso. 

 


[1]Claudia Conte: Dos terribles epidemias que nadie recuerda. La vanguardia 07/06/2020. Bernard-Henri Lévy: sur le Covid-19, à l’AFP. https://laregledujeu.org/2020/04/16/35996/bernard-henri-levy-sur-le-covid-19-a-lafp/. O https://news-decoder.com/2020/03/05/asian-flu-coronavirus/ Harvey Morris: https://news-decoder.com/2020/03/05/asian-flu-coronavirus/ Centro para el Control y prevención de enfermedades:  https://espanol.cdc.gov/flu/pandemic-resources/1957-1958-pandemic.htmlhttps://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3291411/

[2] Miller-Jacques Alain. El Otro que no existe y sus comités de Ética. Pag. 14. Editorial Paidos. Buenos Aires.

[3] Lacan J., El Seminario, libro 20, Aun, pág. 158. Editorial Paidos, Buenos Aires.

[4] Daniel Cohen y otros : https://lavozdechile.com/daniel-cohen-esta-crisis-puede-acelerar-el-capitalismo-digital

[5] Jacques Alain Miller: El Otro que no existe y sus comités de ética . Ed Paidos. Buenos Aires  p. 11

[6] Miller, J-A: El banquete de los analistas. Cap. XVII. Clínica de la civilización. Ed Paidos Bs. As P. 306-311

[7] Preámbulo de los estatutos de la ELP. Anuario 2019, p. 96.